QUE LOS DUENDES DE LA GLORIA SE PEGUEN
UNA VUELTITA EL VIERNES...

HACE 33 AÑOS, EL CANDOMBERO GRITABA
SU MAXIMO TRIUNFO ANTE BOCA JUNIORS
No vivimos de recuerdos pero es imposible no hacer referencia a ellos, porque son los que han escrito la historia.
Si tenemos en cuenta que para muchas generaciones de Santelmistas éste triunfo, al que hacemos referencia, es el máximo de nuestra historia deportiva, no podemos obviar ni omitir hacer referencia a ello cuando hoy, 25 de mayo, se cumplen 33 años de dicho acontecimiento.
No fue una fábula, ni un cuento de algún trasnochado. El Día de la Patria de 1976, paradójicamente de convertiría en una de esas jornadas que quedaron grabas a fuego en la historia del Candombero. Aquella tarde San Telmo enfrentaba a Boca Juniors, a quien muy cerca había estado de birlarle un puntito en la primera rueda allá en "La Bombonera". La revancha se jugó en el Palacio Ducó, el mismo donde cinco meses antes albergó la vuelta olímpica azul celeste con el premio mayor del ascenso a Primera.
El sueño se convirtió en realidad y San Telmo pudo ante el poderoso Boca (luego bicampeón) y lo derrotó por 3 a 1. Aún retumban aquellos gritos de gol de Camejo, Coronel y Pisapia que han dado pie a miles de historias y anécdotas de aquella gloriosa e inolvidable tarde.
A modo de recuerdo, trasncribimos extractos de la cobertura periodística del Diario Clarín con textos de Horacio Pagani, a 33 años del triunfo deportivo más trascendente de nuestro historial deportivo...
UN INSOLITO BOCA, PROPICIO EL TRIUNFO DE SAN TELMO
San Telmo lo paralizó a Boca con un triunfo histórico. Lo venció 3 a 1 en cancha de Huracán. El equipo de Lorenzo creó mayores situaciones pero desnudó gruesas fallas individuales y una notable ausencia de personalidad en su estilo.
San Telmo se animó a contraatacar y definió el partido con dos tantos en los últimos minutos.
"Regueira se quedó en el piso con una crisis nerviosa. Los otros no terminaban de abrazarse. A la barrita de la bandera ya no le quedaba aliento. En la platea, los más entusiasmados se miraban con los ojos enrojecidos sin atreverse a decirse una palabra.
Era la fiesta de San Telmo, del modesto San Telmo. Una fiesta reducida, casi familiar. Pero, seguramente, inolvidable. Por mucho que la clasificación sea un sueño imposible de alcanzar. Le habían ganado a Boca. Nada menos que a Boca. Tres a uno. Y para que la emoción golpeara con mayor violencia, dos goles triunfales llegaron en los últimos cinco minutos. Cinco minutos que quedarán grabados para siempre en el historial del humilde San Telmo.
No es el caso arruinarle el festejo a los hinchas del viejo Telmo. Sería cruel. Claro, se podrá decir -y con razón- que a lo largo de los 90 minutos fueron muchas más las situaciones de gol que fabricó Boca. Y también que cuando estaban igualados en uno, el equipo de Lorenzo se volcó en el campo rival para buscar el desequilibrio mientras que San Telmo se apretaba contra su arco. Esa es otra historia.
Si somos conscientes de las múltiples limitaciones del cuadro de Janín, no podemos exigirle más de lo que hizo: un agrupamiento conservador en la zona media.
Con Boca no podemos tener tantas contemplaciones. Porque, supuestamente, Boca, está en otra cosa. Arrancando por la contratación de Lorenzo para la conducción y pasando por el publicitad montaje del equipo, las intenciones estaban dirigidas a la obtención del campeonato. Y a un conjunto que tiene semejantes aspiraciones habrá que exigirle algo más que "merecer un triunfo frente a San Telmo".
Entonces no se le puede perdonar que, además, pierda este partido. A esta altura del torneo ya resulta casi imposible definir este desconcertante equipo. Y eso tiene que ver con la evidente ausencia de personalidad en el estilo de su juego. Cuando Camejo embocó el zapatazo del empate nació la desesperación. Tarantini la llevaba cincuenta metros y sacaba el centro intrascendente.
San Telmo se fue animando a contraatacar. Y a Boca se le desnudó una novedad en este partido: las vacilaciones de Gutiérrez, Muyzo y Ovide. El "desastre" era completo. Rilo para Coronel, trs una pifiada de Ovide, y dos a uno. Eso ya se parecía a la hecatombe. Otro contraataque. Rilo a Pisapia, avance desde la mediacancha, toque y tres a uno.
San Telmo hizo su fiesta. Boca se quedó pensando en su futuro negro.
Por Horacio Pagani (Clarín del miércoles 26 de mayo de 1976).



|