
Recuerdos de Daniel de San Telmo, uno de los “agraciados” presentes esa tarde…
Como hincha fue una de esas tardes en la que acaricias la gloria, el éxtasis. Decís “gracias por haber venido, por haber viajado, por éstas lágrimas”.
Cada tarde tiene su ilusión, venga Telmo, en el puesto que venga…
El 14 de octubre de 2000 viajamos a Junín y no era un partido más.
San Telmo, invicto, visitaba a Sarmiento, puntero. Siete puntos nos separaban y la misión parecía casi imposible.
Un par de combis salieron temprano del barrio, mate va, mate viene y las ganas enormes de comerse un asadito al costado de la ruta, allá por Chacabuco, las tierras de Pasarella…
Allí, la primer anécdota de la tarde, cuando las brasas de la improvisada parrilla indicaban que el asado estaba listo para ser servido, justo pasó el micro de la hinchada…
Se ve que el humo los avivó y decidieron retroceder. Conclusión: ellos se comieron el asado y los de la combi apenas alcanzamos a saborear alguna hoja de lechuga…

El tiempo apremiaba y llegábamos sobre la hora a Junín. Una tarde muy gris, algunas gotas caían sobre el parabrisas, entramos a la Ciudad y estaba casi vacía, como si todos estuvieran durmiendso la siesta y no había nadie a quien preguntarle ¿dónde está la cancha de Sarmiento? Entonces, debíamos guiarnos por las enormes torres de luz que tiene el Estadio Eva Perón.
Pero ya eran más de las tres y media, el partido había empezado y nos quedamos sin recibir al Candombero como deseábamos. El stéreo de la combi que se prende y hubiese sido mejor no hacerlo: a los dos minutos, gol de Sarmiento. Nos mirábamos y no entendíamos nada. Mamita, qué manera de llegar…
Pero por fin vimos las famosas torres de luz y tardamos algo más en entrar porque ya por entonces sólo entraban las banderas dos por uno, aquella medida impuesta por un tal Juez Perrotta…
Entramos todos y estábamos más que satisfechos: eramos más de 200, aunque en el resto de la cancha había como 5000 kiwis…
Telmo no tenía una buena tarde y los dirigidos por Finarolli nos estaban dando un peludo bárbaro. Para colmo, a los 35 minutos, uno que nos tenía de hijo, Ferradas, nos embocaba el segundo y todo parecía decir: “Telmo, andá a cantarle a Gardel”.
“Ole, ole, ole” toquecito con olor a cargada por parte de Sarmiento que se nos iba a 10 puntos y la verdad es que eso nos hizo enfurecer y empezamos a cantar con toda la furia, alentando a San Telmo. Total ya estábamos ahí.
Es más, se cantó en todo el entretiempo, cuando los del Verde nos cargaban desde atrás de las rejas.
Empieza el segundo y Sarmiento cancherea, ahí dijimos, Vamos Telmo que podemos y al ratito nomás Trigueros punteó una pelota que parecía irse afuera, y desde lejos vimos que la pelota infló la red. San Telmo resucitó y la tribuna también.
Zacarías desde banco se la jugó y sacó a Ovando, que ese día jugó de “6” porque Escalada, el titular, estaba lesionado. “¿Quién entra?” Esa cancha es tan grande que para mirar los bancos de suplentes se necesita un telescopio… Los parlantes nos ayudan un poco y dicen “se retira Héctor Ovando e ingresa con el número 16, Patricio Bedrossian”, el murmullo en la tribuna no se hizo esperar. Uno dijo, “para qué, si ese muerto no le hace un gol a nadie”; el otro le retruca, pero hay que jugársela… Y Bedrossian, que nunca había hecho un gol nos cerró la boca a todos, o mejor dicho las hizo abrir para gritar un gol atrás del otro.
Los que se quedaron en Buenos Aires, habían apagado las radios y varias horas después cuando las volvieron a encender, seguramente no entendían nada.
Tac, tac, tac; de cabeza, de rústica palomita, de chilena, se destapó el Pato y en solamente 15 minutos hizo tres goles. Sí, lo increíble estaba sucediendo. El “Turco” que la pisaba por el lateral y ni con latigazos lo podían parar. Trigueros la tiraba larga y los de Sarmiento ya no llegaban porque no entendían nada.
Esos goles inolvidables cambiaron el “ole” de los kiwis por el grito loco de ese reducido grupo de Candomberos que saltamos y bailamos en el cemento sabiendo que estábamos siendo testigos de una gran hazaña. Si hasta un tipo que estaba en muletas las arrojó y se dejó caer al piso para festejar. Si hasta uno que estaba poco cuerdo –ahora está peor- hizo que tocaba un violín con un papel de diario… Si hasta el que estaba en silla de ruedas se pudo parar.
Todo esto no fue un cuento, es el recuerdo de una gloriosa tarde en la que el cielo estaba gris lluvioso, pero para nosotros fue tan azul y celeste que podrán pasar los años y será difícil olvidar.
Aquella imagen de los 16 jugadores y los hermanos Zacarías viniendo a festejar al alambrado fue un “flash” que quedará para siempre.
Fue un sábado de gloria, de hazaña. No ganamos ningún campeonato pero a veces para ser feliz por Telmo, no hace falta tanto.
Ese día San Telmo formó con Andina Silva, César Rodríguez, Filomena,Ovando y Avalos; Carmelo Leiva, Gandarillas, Alejandro Sánchez y Pontelli; Trigueros y Brondo. Después entró un tal Bedrossian, y dos pibes: “Mundi” Cáceres y Bordón, que jugaban en la vieja reserva.
No entraron, pero también festejaron: Carrel y otro pibe, Aquino.
A, me olvidaba. Al otro día me compré todos los diarios y me ví en esa foto, soy uno de los que está en el alambrado.
Leyendo, me enteré que Bedrossian era de Mar de Ajó y que se llamaba Patrico Avedis Armenak, me dije, quién le puso ese nombre!
Gracias por esa tarde, ojalá vuelvan las jornadas de gloria muy pronto.
Daniel.
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