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La Redondita (los que dejaron huellas)...

 

Si en el imaginario túnel del tiempo nos detenemos en unos 25 años atrás, enseguida aparecerán rasgos de un, todavía, fútbol semi amateur, con jugadores que se brindaban por el amor a la camiseta y que han quedado identificados con el hincha por su garra y espíritu a la hora de defender nuestros colores. Uno de esos casos es, sin dudas, el de Julio César Ugolini, con su inconfundible Nº 3 en la espalda, quien tiene el honor de estar entre los 20 jugadores que más veces se pusieron la camiseta de San Telmo en la historia con 152 partidos jugados.
Lo buscamos y lo encontramos. Nos recibió en su casa de San Francisco Solano donde, con emoción, exteriorizó su amor por San Telmo, el recuerdo del primer entrenamiento en inferiores, el debut en Primera a los 17 años, anécdotas de concentración, el repaso por su carrera y el agradecimiento al hincha de Telmo que, pese al paso del tiempo, lo recuerda con afecto…

Es una tarde de febrero, calurosa. Suponíamos que era por Bernal y aparecimos por el Triángulo, medios perdidos, entonces suena el teléfono y es el protagonista que nos empieza a guiar para llegar a su casa. “Doblá a la derecha y hacé 200 metros que los estoy esperando”. Uno se lo imaginaba de varias maneras, como cuando pasan tantos años y el vértigo de la vida te va cambiando. En eso vemos a un tipo haciendo señas, dijimos “ahí está, está igual que cuando jugaba”…

Se subió al auto y nos llevó hasta su casa, abrió el garaje, estacionamos y nos invitó a pasar a su casa. Ya estábamos en San Francisco Solano, en un barrio donde los chicos juegan en las calles y hasta nos sorprende la cantidad de canchitas de tierra que aún existen por allí, cosas que en la Capital es muy dificultoso encontrar.

Sólo lo habíamos saludado, nos presentó a su hijo Franco (14) y enseguida rompió el hielo. Se desabrocha el botón de la chomba color marrón que tiene puesta y saca un lindo trofeo: una cadena con una chapita de oro y dice, “miren, ven… acá está el escudo de Racing, porque de chico era de la Academia, pero acá atrás –da vuelta la chapita- está grabado "San Telmo", porque de grande me hice muy hincha. Cuando dejé de jugar al fútbol, pasa la vorágine, me di cuenta de cuanto quiero a San Telmo”.
Damos fe de ello, leemos el “San Telmo” grabado sobre el oro y para un hincha como nosotros eso ya paga la visita…

Es Julio César Ugolini, uno de los tipos que dejaron gratos recuerdos por su lucha en los difíciles tiempos de la “C”. En realidad todos lo conocen como “Hugo” por la primer parte del apellido.
Cuando Adrián Navarro abre la carpeta de fotos que fue coleccionando en estos años, justo aparece una en blanco y negro, del año 1984 entonces a Ugolini le empiezan a brillar los ojos, emocionado… “no lo puedo creer ese es el partido de mi debut” y entonces con una memoria de elefante nos da la formación de su primer partido: Blas Jiménez en el arco, Huguito Toledo, Landolfi, el Tano Bergessio y yo; el Tola Malfitano, Blanco, el Colo Dellepiene, Estigarribia y Zapata. Fue en la última fecha del año 1984, contra Berazategui, en el Osvaldo Baletto.

Se dirige a un placard y saca un sobre con más fotos y enseguida nos muestra una que marca una época: “Vean esta foto, estoy con la publicidad de Diarco en la camiseta. Nosotros íbamos al Autoservicio Diarco, a la casa central, y los dueños a cambio de esa publicidad nos daban una caja grande llena de alimentos, que no nos venía nada mal, porque en los grupos siempre había chicos más necesitados que otros". Es uno de esos rasgos de humildad que caracterizan el fútbol del ascenso de hace veinte pico de años atrás, pequeñas historias que con estos encuentros se rescatan del olvido y pintan cómo era San Telmo en los años ´80…

 

¿Cómo empezó tu contacto con el fútbol?
“Yo empecé a jugar al fútbol en Lanús, cuando tenía 11 años ingresé a sus inferiores y allí hice mis primeros años, pero cuando estaba en sexta división me vino a ver Mario Nacisi que había trabajado en Lanús y era técnico de las inferiores de San Telmo y me tentó para cambiar de Club y me gustó la idea. A mi que quedaba mejor viajar desde Solano a la Isla porque me tomaba el 373 y me dejaba cerquita de la cancha”.

¿Qué es lo primero que recordás de tu llegada a San Telmo?
“Mi primer contacto con San Telmo fue con su cancha, cuando tenía 14 años. Llegué un poco temeroso a la Isla Maciel y enseguida me recibió un muchacho que vivía dentro de la cancha en una casilla que estaba al lado de la platea, no recuerdo su nombre, pero terminó siendo el casero de la cancha y me sentó al lado suyo y empezó a hablar de San Telmo y nunca voy a olvidar esas primeras palabras hacia mi. Me decía que San Telmo era un Club que hacía poco tiempo había estado en Primera y que le había ganado a Boca, que era un Club humilde pero importante y que es una camiseta por la que hay que dejar todo, que en esa cancha no ganaba cualquiera. A mi esas palabras me habían motivado mucho, yo era un pibe y escuchar eso me hizo muy bien”.

¿Desde chico fuiste lateral izquierdo?
“Mario Nacisi, el que me llevó a San Telmo, al principio me ubicó de volante, pero unos entrenamientos después me puso de “3” y desde entonces jamás abandoné ese puesto. Hice toda mi carrera como lateral izquierdo. Uno a esa edad trata de copiar cosas de los jugadores más importantes y a pesar de que de chico era de Racing, yo admiraba la calidad de Néstor Clausen, que jugaba en Independiente. Para mi era el mejor, muy completo y fue una especie de espejo para mejorar cada movimiento dentro de la cancha”.

¿Cómo fue la experiencia del debut?
“El debut en la Primera me llegó bastante rápido. Yo a los 17 años ya jugaba partidos en la 3° división y para la última fecha del torneo de 1984, Jorge Rilo, que era el DT me agarra en el vestuario y me dice que esa semana me cuidara, que me preparara muy bien que me iba a tener en cuenta para estar con la Primera. Fue una emoción muy fuerte. Después me confirmó que iba a debutar contra Berazategui y ahí vino uno de los grandes del plantel, el capitán, el Tano Bergessio –que era un mounstro en esa época- y me dijo: -pibe, vos ahora vas a estar con nosotros, los grandes, y te vamos a bancar, pero vos tenés que dejar todo en la cancha. Esto es San Telmo, y es una camiseta que hay que hay que respetar. Nunca me voy a olvidar de esas palabras. Ese equipo tenía muchos jugadores importantes. Yo reemplacé a Eduardo Ramírez, que era el “3” titular, porque San Telmo estaba clasificado y cuidó jugadores para el octogonal. Estaban el paraguayo Ramírez López, Hugo Flores que después fueron a jugar a Defensa y Justicia, estaban Brunetti, Sergio González, el Tano Bergessio. Tipos importantes”.

¿Y la primera concentración?
En la noche de mi primera concentración, el técnico dispuso que fuéramos cinco a la habitación y a mi me puso con cuatro de los jugadores más grandes. Yo estaba totalmente dormido y a eso de las dos, tres de la mañana empiezo a escuchar varios ruidos, voces. Me desperté todo cagado, estaba todo oscuro. Cuando quise ir a ver que pasaba, vino uno de los más grandes de ese plantel, no puedo decir el nombre (risas) y me dijo, tapate y seguí durmiendo, vos no viste ni escuchaste nada… Se ve que los “viejos” habían llevado una minita a la habitación y bueno… Mal no les fue, porque al otro día ganamos el partido 2 a 0 (risas).

En el ´85 la cosa no fue nada bien al equipo…
En el ´85 jugamos todo el año de local en Excursionistas (la Isla estaba clausurada) y ahí, con 18 años empecé a tener continuidad (jugó 22 partidos ese año). Esta temporada no hicimos una buena campaña, no pudimos salir de los últimos puestos, pero tuve un técnico muy importante para mí como lo fue Roberto Santiago, que me enseñó mucho. Después vino Osvaldo Crosta, que sabía un montón de fútbol. Ese año subimos varios de inferiores, el “Negro” Toledo era el “4” y yo por izquierda. Vinieron Carozza, Policaro y un muchacho muy experiemntado que desde hace varios años es vecino mío, José Omar López, que había jugado en Europa.

¿Por qué en la gran campaña de 1986 casi no tuviste participación?
En 1986 San Telmo arma un verdadero equipazo y fue una lástima que no haya ascendido. En ese año yo había dejado de ir a entrenar. Quizás fue una edad de rebeldía, pero lo cierto es que a mi me querían Temperley y Español, que estaban en Primera “A” y para uno, la ilusión de progresar a esa edad (19) era muy grande.
Yo les pedía a los dirigentes que me dieran a préstamo, con una opción importante, para que me pudieran mostrar un año y si andaba bien, ahí sí poder venderme, pero nunca se daba, siempre pedían mucho dinero por el pase y yo había decidido dejar de entrenar. Por eso ese año casi ni jugué. Había llegado Juan Carlos Piris como DT, que traía jugadores de su palo, me llamó y me dijo, vení, volvé a entrenar que te voy a tener en cuenta. Después de un tiempo me pasó la bronca y volví. Igual en mi puesto estaba un jugadorazo: Raúl Locatelli. Pero les cuento una que nadie sabe. Piris no lo quería a Pachorra Smaldone cuando empezó todo, pero cuando Hugo empezó a entrenar vio lo que significaba para el equipo y no le quedó otra que incluirlo. Smaldone era un verdadero fenómeno.
Lo bueno que en ese momento tenía el Club que le daban respaldo a los chicos de inferiores, nos respetaban mucho.

Después ya te fuiste convirtiendo casi en un símbolo de esos años…
“Y, puede ser, lo que pasa es que fueron varios años defendiendo esta camiseta, casi sin faltar un partido. San Telmo en la “C” era el más grande la categoría y nosotros sentíamos esa responsabilidad. Personalmente creo haber defendido esta camiseta a muerte”. Quizás por la cantidad de partidos que uno jugó en San Telmo, puede ser que junto a Smaldone nos hayamos convertido en una especie de referentes de esos planteles. Cuando había bronca por algún mal resultado, nosotros dos salíamos del vestuario a dar la cara por el plantel, a charlar de frente con la hinchada, por eso debe ser que nos respetaban mucho, era mutuo.”

¿Qué significa San Telmo en tu vida?
“San Telmo fue la época más linda de mi carrera, debe ser porque uno vistió esta camiseta desde inferiores y te quedan los mejores recuerdos… Yo viajaba desde Solano en el 373 y me bajaba una parada después de la cancha, llegaba casi hasta el Puente porque ahí abajo me quedaba esperando a Smaldone, que venía desde el barrio y cruzaba en bote. Nos encontrábamos y nos íbamos a entrenar juntos. Muchas cosas así que no te olvidás más.
El cariño que recibí en San Telmo, no lo tuve en otro Club. Mirá que después de irme de San Telmo fui a All Boys, a Atlanta, Tigre, con otras comodidades, con el canasto con toda la ropa y esas cosas, pero lo humilde de San Telmo no se compara. Nosotros llegábamos a la Isla y nos quedábamos en la casilla del canchero charlando, tomando mates hasta el horario de entrenamiento. Yo me crié en un barrio muy humilde y me sentí identificado con esas pequeñas cosas.
En una época entrenábamos en el Parque Sarmiento… ¿Sabés lo que era para mí ir desde Solano hasta Parque Sarmiento? Viajaba hasta Avellaneda y ahí me subía al “93”, cuando agarraba Paseo Colón, sacaba las manos por la ventanilla y le hacía señas a Smaldone para avisarle que yo venía en ese bondi, Pachorra lo paraba y viajábamos juntos. Era como una hora y media de viaje para ir, y después volver a Solano, pero esos son los recuerdos lindos de la carrera de uno, ese esfuerzo, las anécdotas en esos viajes. Así te vas haciendo hombre. Los amigos es lo más lindo que te deja el fútbol.

¿Qué anécdotas tenés en la Isla?
"Cuando nos cambiábamos en el vestuario, los que ya hacía varios años que jugábamos en el Club, siempre nos dábamos cuenta de algo: cuando venía un jugador nuevo a entrenar, lo primero que hacíamos era mirarlo si venía con bolso. Muchos llegaba con cara de asustados y sin nada en las manos, entonces nos dábamos cuenta que lo habían afanado en la plaza (risas). Pero ojo, la gente de la Isla siempre se portó de maravillas conmigo, varios vecinos me invitaban a tomar mates, a comer".
"Una vez sucedió algo muy importante para mi: por ejemplo, una vez, desgraciadamente había fallecido un hincha de San Telmo de la Isla. Entonces los muchachos de la hinchada vinieron al entrenamiento y pidieron que vaya un jugador en representación del equipo al velorio y me eligieron a mi. Eso –más allá del mal momento por el que estaban pasando- para uno es muy importante.
Después siempre recuerdo que en uno de los laterales (el que da la casa del casero), siempre estaba embarrado por las napas de agua que subían y entrenar en esa franja era bastante complicado. Yo les decía a los técnicos que no se preocuparan, que cuando me tocara marcar por ese lateral no pasaba nadie, ahí tranquilamente el rival se podía enterrar solo (risas)…
También, en la época de los carnavales, los pibes de la Isla andaban con las bombitas de agua jugando en medio del partido, y esas cosas no te las olvidas más".

¿De qué técnico aprendiste más?
"Roberto Santiago y Osvaldo Crosta fueron importantes. Pero entre los técnicos que tuve en San Telmo tengo que destacar a uno que sabía un montón y quizás no haya tenido la suerte necesaria en el fútbol como para poder trascender, me refiero a Eduardo “Puchi” Sánchez. En técnico bárbaro. Después en All Boys tuve a Mario Rizzi, quien me aportó muchísimas cosas".

¿Cuáles eran los partidos más lindos para jugar?
"Los clásicos, sin dudas, se vivían de una manera muy especial. La gente te lo hacía sentir desde dos semanas antes, la sensación era distinta a la de cualquier otro partido. Por el marco, gente de los dos lados, esos eran los partidos que más gente de San Telmo iba a la cancha y para cualquier jugador eso es una motivación grande. Estaba en juego el honor del barrio. Generalmente me fue bien en los clásicos y además en la tribuna siempre ganaba la gente de Telmo".

¿Qué imagen tenés del Club de esos años y qué sabés del San Telmo actual?
"San Telmo siempre fue un Club que trató de brindarnos lo mejor. Uno como jugador siempre suele tener diferencias con algún dirigente porque el dirigente defiende al Club y el jugador su sueldo y la posibilidad de progresar en la vida, pero lo que puedo decir es que los dirigentes de San Telmo estaban siempre, dando la cara, cuando se podía concentrar se concentraba, si podían solucionarte un problema, lo hacía. Siempre los dirigentes de San Telmo fueron muy hinchas del Club y eso no debe perderse nunca.
Más allá de que no vaya a la cancha, uno sabe que el Club hoy es distinto, que ha crecido, eso se sabe, pero me parece que por la trayectoria que tiene San Telmo en el fútbol no puede estar sin cancha, no sé bien cual es el problema con la Isla, pero esa falencia debe solucionarse. Hoy en el fútbol, de guapo no se gana más. Sea en la Isla o en otro lugar, San Telmo tiene que jugar en una cancha propia y plantearse como objetivo subir una categoría más".

¿Pensaste alguna vez que si en tu época de jugador hubiese estado la televisión, podrías haber dado algún salto más en tu carrera?
"Sí, puede ser. Tuve momentos de un muy buen nivel, lo que pasa es que la “C” era muy dura y la cantidad de medios en esos años no era como ahora. Hubo jugadores, compañeros míos que eran fenómenos, como el “Pucho” D´Andrea o el mismo Smaldone, que si bien llegó a jugar en Newell´s, tenía condiciones para haber llegado mucho más alto. Pontelli fue otro que debió haber jugado en Primera".

¿Cómo siguió tu carrera después que te fuiste de San Telmo?
"Yo jugué en San Telmo desde las inferiores hasta 1991. Ahí sí me dan a préstamo a All Boys (Primera “B” 1991/92), donde jugué una barbaridad. Tan bien anduve ese año que ahí sí San Telmo me vende, pero el empresario que me compra terminó siendo un fantasma de esos que andan dando vueltas por este ambiente.
Pasé a Atlanta donde volví a jugar con Pachorra y con Raúl Locatelli. Más tarde pasé a Tigre, donde tuve la suerte de salir campeón del Clausura, pero perdimos la final contra Chacarita en la cancha de River. Yo las finales no las jugué porque me había roto los ligamentos. Luego jugué una temporada en Talleres de Remedios de Escalada, dos años en Colegiales y terminé mi carrera en Lenadro N. Alem".

¿No tuviste la posibilidad de retirarte con la camiseta de San Telmo?
"Nunca se dio la posibilidad de volver y retirarme en San Telmo. La verdad es que después de esa lesión que sufrí jugando en Tigre ya no fui el mismo y quizás eso me restó la posibilidad de volver a vestir esta camiseta".

¿Cómo es eso de que fundaste una O.N.G que se llama San Telmo?
"Bueno, después del desastre que sucedió en nuestro país en 2001, aquí en la zona nos empezamos a unir para hacer cosas por la gente más necesitada. Me vivieron a buscar para hacer algo por el fútbol, yo dije que dirigir no quería hasta que surgió la idea de fundar una O.N.G. Para que se den una idea de lo que quiero a San Telmo les cuento que cuando llegó el momento de anotarnos para tener la Personería Jurídica teníamos que ponerle nombre y le pusimos "San Telmo", como ya había una con ese nombre le agregamos la letra "P", por San Pedro Telmo, la Iglesia del barrio a la que en mi época de jugador solíamos ir antes de los partidos. Esta ONG brinda ayuda en los asentamientos de la zona, charlas, capacitaciones, colaboramos con las mamás de muy corta edad... Yo soy el presidente de la ONG (nos muestra el original y damos fe de ello).
En la actualidad soy el Prosecretario del Consejo Deliberante de Quilmes y estoy alineado al ex Intendente de Quilmes, Sergio Villordo".

Dejale un mensaje a los hinchas de San Telmo:
"Es muy lindo saber por ustedes que la gente de San Telmo guarda un buen recuerdo de mi. Jugué varios años en el Club, pasamos muchos momentos, muchas luchas juntos".
"Yo creo que el hincha sabe valorar el sacrificio, la entrega. Nunca, en ningún partido me guardé nada, terminaba muerto, podés ganar o perder, pero siempre dejé la vida por esta camiseta".
"La hinchada de San Telmo siempre fue exigente, pero sabía reconocer a la gente que dejaba todo. Es entendible, cuando yo empecé a jugar en el Club, hacía poco tiempo que había estado en Primera y de pronto el Club estaba en la C y entonces se sentía la obligación de ascender siempre".
“El mensaje que les puedo dejar es primero muchas gracias por el reconocimiento. Uno, a todos los lugares que va, siempre conoce a un hincha de San Telmo. Acá mismo en Solano hay gente de San Telmo que me saluda por las calles. Un muchacho que trabaja en una estación de servicio es hincha y me insistió tanto que un día le regalé la única camiseta de San Telmo que tenía guardada. Ahora, desde afuera y por más que no vaya a la cancha, uno sabe que el Club está distinto a la época en la que era jugador. Yo creo que San Telmo no puede estar sin su cancha. San Telmo necesita ser local, sea en la Isla o hacerla en otro lado. Sé que es difícil el tema pero es un tema de identidad. San Telmo debe tener su cancha y aspirar a estar una divisional más arriba.
En San Telmo pasé los mejores años, tiene esa humildad que se te pega para siempre. Son muchos recuerdos juntos. Por eso ahora de grande, cuando me preguntan de qué cuadro soy, digo de San Telmo”.

 

Ficha:
Julio César Ugolini
Fecha: 23 de abril de 1967, en Lomas de Zamora.
Trayectoria en San Telmo: Divisiones Inferiores desde 1981, en Primera División entre 1984 y 1990/91.
Debut: 10 de noviembre de 1984 (San Telmo 2 – Berazategui 2, en la Isla Maciel)
Presencias: 152 partidos.
Goles: 2 (a Claypole en 1988 y a Comunicaciones, en 1991).
Expulsiones: 5
Ultimo partido en San Telmo: 20 de abril de 1991 (Leandro N. Alem 3 – San Telmo 5, en General Rodríguez).
Luego jugó en: All Boys (1991/92); Atlanta (1992/93); Tigre (1993/94); Talleres (1994/95); Colegiales (1995/97); Leandro N. Alem (1997/98).

 

La Voz de San Telmo, Miércoles 23 de Febrero de 2011

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