
A las 4 y 20 de la mañana llegamos a Santa Teresita. El frío acá te corta la cara, el ruido del mar es mucho más fuerte que en verano, las olas golpean y se escuchan más cerca. Parece que no hay nadie, de verdad.
Pero acá está San Telmo, nuestro querido Candombero, representado por 31 jugadores, por un equipo técnico que eligió esta Ciudad para darle forma al inicio de un sueño, el que tenemos todos, el de ser cada día más fuertes, más grandes. El de soñar con algo grande y dejar atrás años de penurias y luchas que terminaron bien pero es hora de aspirar a más. Telmo hace diez años que no entra a un reducido y si el torneo pasado la cosa estaba difícil y se lograron los objetivos, porqué no ilusionarnos con que este puede ser nuestro año…
A las ocho menos cuarto empiezan a bajar los jugadores de sus habitaciones, rostros cansados, agotados de estos cinco días de trabajo extenuante. El desayuno parece ser el bálsamo ideal para encarar otro día de laburo con todas las pilas. El café con leche se toma con muchas ganas y a las 8 y media el micro espera afuera del hotel y se muda toda la utilería en los baúles donde habitualmente se lleva el equipaje.
Son 30 cuadras las que separan al hotel Nuevo Continente con la cancha del CADU (Defensores Unidos de Santa Teresita), que está ahí nomás de la ruta.
Al frío de esta mañana, temperatura casi bajo cero hay que sumarle una tremenda lluvia, esas lluvias que castigan con agua helada. Uno puede imaginarse que el entrenamiento se va a suspender, pero ni ahí… Acá no se pierde tiempo, cada minuto está pensado en acumular trabajo para lo que será el futuro de este San Telmo 2010/11.
Uno que no está acostumbrado a cubrir pretemporadas invernales en la Costa hasta puede darse el “lujo” de preguntar para qué sirve todo esto, pero inmediatamente esa duda queda reducida. En un improvisado escritorio arriba del micro está todo “el plan” hasta con el lujo de la notebook que ayuda a ver que se hizo hasta aquí y que se hará hasta el final. El preparador físico, el rosarino Santiago Porzio, cumple un papel preponderante en esta semana. El habla de etapa de “exigencia y pausa”, nosotros escuchamos y aprendemos, “hay que exigir hasta un límite y luego hacer la pausa para que el jugador no se rompa, porque después no lo recuperas más”, dice con absoluto convencimiento.
Acá hay planillas para todos los gustos, casi diríamos como una planilla de estadística de básquetbol, precisa, detallista. Cada metro que se lleva corrido, cada abdominal y cada subida de médano. Trabajar con pelota es lo que más quiere el jugador y se hizo durante toda la mañana, ida y vuelta, pique a pique, buscando alcanzar precisión aún con las piernas cargadas. Todos con camperas, gorros de lana y otros con pantalones largos. Algo muy importante: a todos se los ve trabajar con ganas. En la intimidad se comenta que este plantel tiene algo muy importante: líderes positivos que tiran todos para adelante.
El campo de juego ha quedado con gruesas marcas, el pique y el freno dejaron secuelas. Los conos, las pecheras y los banderines componen el resto de la escenografía. Al costado, la ruta. Pasan muy espaciadamente alguna que otra camioneta, aminora la velocidad y mira con atención, pero también parecen decir “¿quiénes son estos locos?”.
Uno se apichona debajo de un árbol para mojarse un poco menos, pero ve tanto trabajo que no puede más que contagiarse y ponerse a pensar, ojalá esté cubriendo una pretemporada de un San Telmo campeón, que es lo que más queremos. Todo esto es trabajo previo y la verdad empezará construirse el 24, pero en realizad la construcción de ese camino ya comenzó y uno no puede permitirse dejar de soñar en grande, al fin y al cabo nos lo merecemos…
El silbato pone punto final al primer turno de entrenamiento. Todos vuelven al micro con los botines llenos de barro y ese humo de invierno que larga el sudor de toda esa ropa mojada.
Las duchas no dan abasto, pero al fin revitalizan. Un plato de pastas a eso de la una de la tarde cae como anillo al dedo. La siesta, el mate, otro turno de entrenamientos y otro más.
La noche espera la reunión grupal porque aquí se festeja el cumpleaños de Ricardo Segundo, sus 19 años. Hugo Díaz fue a comprar la torta sorpresa que aparecerá sobre la mesa después de la cena. A dormir temprano que mañana hay triple turno…
El jueves amistoso con Estudiantes de Buenos Aires, con quien compartimos hotel. Y después del almuerzo regreso a Buenos Aires.
El sábado vamos a Lanús a jugar con el Granate…
La historia de San Telmo continúa así.
Publicado por La Voz de San Telmo, Martes 6 de Julio 2010.