Si hay algo hermoso que tiene este fanatismo por investigar a fondo la historia de San Telmo es poder conocer a mucha gente, mejor aún cuando de tantas charlas, facturas y mateadas, uno se hace amigo y compinche de esa gente.
Por eso también es muy fulero enterarse de que ese amigo que el destino te puso en la vida, en un abrir y cerrar de ojos, se fue…
La noticia nos llegó tarde y no sé por qué me dio mucha más bronca. Juan José Deibe dejó este mundo hace unas semanas, la cruel realidad te marca que se fue un amigo y con él se marchó una parte importante de la historia de San Telmo.
Puedo decir que de todas las personas que me tocó entrevistar con la misión de colaborar con la causa de “San Telmo, Memorias de una Pasión..”, Deibe fue quien más cosas me ha dejado. No sólo en la parte anecdotaria para el libro, sino por dejarme enseñanzas de vida, y eso es invalorable.
Hace algunos años ya, con mi amigo Adrián Navarro aparecimos por su casa de Valentín Alsina, un sábado a la tarde en el que Telmo estaba de receso. Para nosotros nada sería igual. Deibe nos llenó de amistad, de fútbol, de anécdotas y fueron de esas tardes en las que uno no quiere que se terminen más.

Allí nació un afecto mutuo, por suerte. El se sintió feliz de que gente Candombera, que no lo vio jugar, se interesara en él. Hubo algo mágico esa tarde de invierno. Con Adrián salimos de su casa y seguimos hablando de él durante varios días.
Se prendió al Banderazo en 2004, estuvo con su hermosa familia en la Federación de Box la noche de la fiesta del Centenario, firmó muchas camisetas allí, se mandaba unas escapadas a Gerli cuando Telmo jugaba en El Porve...
Deibe nos nutrió en todo sentido, pero el más importante: el afectivo.
“Tate” fue el apodo que le puso uno de sus hermanos cuando era chico. El ídolo de Deibe era Antonio Sastre, y le gustaba copiarlo y su hermano no pronunciaba bien Sastre y le decía Tate, así le quedó para toda la vida.
Cuando llegó a San Telmo en 1957, estaba haciendo la colimba en la marina y llegaba a las corridas a los entrenamientos en la Isla, vestido de marinero. Una vez un hincha exclamó: “ahí viene el marinero…” y desde entonces en San Telmo también fue conocido con ese apodo.
Nació el 6 de marzo de 1935 y toda su vida vivió en Valentín Alsina. Se autodenominó un “atorrante” del fútbol, que saltó de la canchita de Piraña en Parque Patricios a las inferiores de Boca, luego Talleres y desde 1957 hasta 1962 en el Candombero. En 1958 sufrió mucho con el descenso de San Telmo, pero se quedó por la revancha y en 1961 se desquitó con todo y fue estandarte del San Telmo campeón de ese año.
Jugó con la azul celeste 152 partidos, y en 1963 se marchó a Colombia para jugar en Nacional de Medellín. Más tarde trabajó en inferiores y fue DT del primer equipo junto a su amigo, el “Nene” Avila.
En 2005 tuve la distinción de ser invitado a la fiesta sorpresa que le realizó su familia para festejarle sus 70 años. Deibe llegó “engañado” al Salón, pensando que iba al cumpleaños de un vecino. Cuando entró y se dio cuenta que las 200 personas que estaban allí habían ido a verlo a él… difícil explicar su emoción.
Juan Schiaffino, otro ex jugador de San Telmo, fue el mejor amigo que le dio la redonda. Alberto Veiras, el mejor dirigente que conoció, pero la persona que lo marcó en este mundo fue Carlitos Pérez, su técnico en el campeonato del ´61.
Las locuras del “loco” Dezorzi, la polenta de Luis Pozzi, las "calenturas" con el hijo del Doctor Baletto cuando este se enfurecía en la tribuna, fueron una constante entre sus recuerdos.
“Los mejores momentos de mi vida en el fútbol, los pasé en San Telmo”, con esa frase del “Tate” o el “Marinero” que ha quedado inmortalizada en el libro, finalizamos este humilde recuerdo a alguien que nos dejó mucho.
Gracias por tus momentos hacia nosotros, "Tate"…
Un abrazo de alma, "Marinero"...
Adrián Bevilacqua