GUSTAVO GABRIEL PONTELLI
EL "TURCO"

En una invernal tarde de 1993, en Gerli, un “nuevo” San Telmo debutaba en el Torneo Apertura 93/94 ante Flandria iniciando el camino de otro sueño por el retorno a la “B”.
Muchas caras nuevas y algunas viejas, como de costumbre.
El silbato inicial y dos jugadores en el círculo central que se dan el primer pase… Uno, Cardozo, el otro, un pibe de rulitos de raro color en su larga cabellera. La “9” en la espalda y en el primer pique, posterior amague y gambeta dejó asombrados a todos...
Los presentes en cancha de El Porvenir rápidamente se frotaron las manos y se dieron cuenta que en la cancha había un jugador “distinto”. En la planilla figuraba por primera vez un tal Gustavo Gabriel Pontelli…
El “Turco”, el mismo apodo que su papá, comenzó esa misma tarde un idilio eterno con la hinchada de San Telmo, aunque su verdadera historia en el Club lo tuvo como protagonista un par de años antes, cuando actuó en Quinta División, pero no hay registros oficiales de ello porque Pontelli jugaba de “trucho”, con otro nombre y por supuesto, con otros documentos… En fin, pequeños trucos que antes se podían hacer.
El “Pelé Blanco”, como lo conocen en su Caseros natal, llegó al Candombero luego de haber quedado libre de Vélez, donde alcanzó a jugar unos diez partidos en Reserva. Tuvo sus pasos por las inferiores de Chacarita y unos partidos en Primera “D” para Justo José de Urquiza, antes de llegar al Candombero de la mano del ex entrenador, Armando “Cacho” Alejos.
Pontelli comenzó aquella tarde ante Flandria un fenomenal recorrido marcando una etapa en el Club. Su juego vistoso, la fantasía que generaban sus gambetas y el “llevarla atada” de local y visitante lo erigieron en el ídolo de los años ´90.
Su sociedad con otro gran jugador como lo fue el “Manquito” Pedro Ramírez, provocó una sensación de placer al verlos jugar, pero sólo duró una temporada…
Hombre clave en el último campeonato logrado por San Telmo, el Clausura 1994, aunque debió dar la vuelta olímpica en muletas, ya que días antes había sufrido la fractura expuesta de tibia y peroné, en un partido inolvidable ante Villa San Carlos, en cancha de Almirante Brown. No se le dio el ascenso ese año, y al siguiente poco jugó por su recuperación.
La revancha la tuvo en 1996, donde fue el emblema del ascenso y no se quedó en eso. Fue figura en la “B” y protagonista de nuestros mejores años en esta División, incluso peleando por ascender al Nacional, conformando un mediocampo de lujo con Carmelo Leiva.
No fue un goleador de raza, pero será imposible olvidarse de algunas de sus “obras maestras” como aquel golazo a Argentino de Quilmes en los Cuartos de Final de 1999: “gambeteé a todos desde la mitad de cancha y para colmo no me la dio ningún compañero, la pelota pegó en el referí. Uno de ellos pateó al arco o mando un centro y le pegó al árbitro y quedó en el nuestro campo, ahí la agarre yo y empecé a eludir y como había barro con un amague ya se caían y cuando llegue al arquero le definí a un costado. Un lindo gol e importante a la vez porque eran cuartos de final”.
Sus ocho años con la azul-celeste lo ubicaron en el segundo puesto de los jugadores de mayor trayectoria en el Club (236 partidos) y ha sido uno de los jugadores claves que reubicaron a San Telmo en el mapa futbolístico de los clubes protagonistas.
Su ida quizás no haya sido todo lo prolija que un ídolo merecía, pero el 23 de diciembre de 2006, en su partido despedida del fútbol profesional, se volvió a poner la camiseta por la que tanto se brindó y también sufrió.
Quienes allí estuvimos, lo disfrutamos, como sus ocho años de magia.
A 15 años de su debut en San Telmo, este pequeño recuerdo.
RECUERDOS... LA VOZ DE SAN TELMO
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